Transatlântico

Lo que quedará

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Como el alba destroza el sueño, el nuevo día nos recuerda quien somos y todo lo que no podemos hacer. Despertar supone un dolor, el que sufrimos al nacer, la pérdida de la seguridad que sólo nos da la oscuridad – da igual que la del vientre o de la habitación. Despertar es perder una vez más la lucha contra la corriente que nos llevará. Es ver entrar pela ventana lo desconocido.

Despierta, niña, no te queda otra opción. Despierta y olvídate de lo bueno que fue soñar con nuestros brazos y piernas reflejados en un espejo partido – signo, quizás, de lo divididos que somos –, deje para tras el poco que tuviste de un hombre que un día fui yo. Despierta para volver a un mundo en el que has vivido hasta ahora sin darte cuenta de que era el tuyo: son otras las sábanas en que te acostarás, otra la piel que tocarás, otros los ojos que te mirarán sin la tristeza de los míos pero tampoco sin la misma ternura; tal vez otra la felicidad en escuchar una voz, una canción, el respirar que avisa de la llegada del sueño.

Te quedarán unas cuantas imágenes impresas en tu memoria, aunque lo pruebe la experiencia que poco a poco los recuerdos también son débiles para resistir a cada nuevo día. A lo mejor te quede por más tiempo un sabor agridulce en la boca y, quizás para toda la vida, te acompañe un olor suave que por fin perderá el sentido y no te hará daño.

Me quedarán las palabras. Ojos que me miraban desde un espejo partido. Burbujas. Mi nombre sonando en la oscuridad. Y la sensación de que he soñado sólo para entregar el sueño al alba que llega para todo destrozar.
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Publicado em 03 de fevereiro de 2008 às 15:02 por marquexxx

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